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Bajo las estrelladas noches resplandecientes al influjo del bravío oleaje en el oceáno Pacífico, grupos de reptiles marinos en peligro de extinción se deslizan suavemente hasta las playas de Honduras y otros países centroamericanos para desovar y así preservar sus especies.

 

Amenazadas por los depredadores naturales y los mismos hombres que apetecen sus huevos en una falsa creencia que poseen poderes afrodisíacos, las tortugas golfinas o Loras del Pacífico oriental pasaron de ser una especie vulnerable a estar en peligro de extinción.

 

De ahí la importancia para los biólogos, conservacionistas, ecologistas y voluntarios, que mediante el apoyo de agencias gubernamentales y la cooperación internacional, buscan preservar estos quelonios.

 

Se les denomina quelonios a las tortugas marinas porque poseen cuatro extremidades cortas, mandíbulas sin dientes y cuerpo protegido por un caparazón duro dentro del cual pueden retraer la cabeza, las extremidades y la cola.

 

Las tortugas olivácea o golfinas (Lepidochelys olivacea) llegan cada año a desovar a las costas del Golfo de Fonseca, un sitio ribereño compartido por Honduras, Nicaragua y El Salvador, en Centroamérica.

 

La tortuga golfina abunda en el Pacífico oriental con una mayor concentración en México, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, al sur de Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y el norte de Chile.

 

Los reptiles miden aproximadamente de 60 a 70 centímetros, en estado adulto presentan un color verde olivo, su caparazón tiene forma de corazón o redondeado, teniendo un peso promedio de 38 kilogramos y máximo de 100.

 

La cabeza de estos quelonios es subtriangular y mediana, su carapacho es color verde olivo con un tono oscuro, con una superficie inferior de color amarillo.

 

Luis Turcios, el director de Progolfo, un ente que trabaja en la protección de tortugas, dijo que este año el desove aumentó a 63.423 huevos, un record en los últimos 40 años.

 

El experto cataloga esa cantidad como algo sin precedentes y demuestra que los quelonios que llegaron a desovar fue gracias al apoyo de personas, agrupaciones pesqueras, empresa privada y del gobierno hondureño.

 

En total fueron cinco campamentos tortugueros artificiales donde desovaron, los principals son Punta Ratón, Punta Condega, Cedeño, Boca del Río Viejo y Carretales, todos en las costas hondureñas del Golfo de Fonseca.

 

Biólogos marinos establecen que estas tortugas cavan nidos de unos 40 centímetros en promedio, donde desovan alrededor de 80 huevos que cubren con arena y el periodo de incubación es de 42 días, según las temperaturas.

 

Para el nacimiento de crías masculinas se necesita una temperatura de unos 26 grados centígrados, mientras que para las hembras es de 33 grados.

 

Algunos estudios señalan que el número promedio de nidos de tortuga Lepidochelys olivacea en el Pacífico centroamericano y México es de unos 202.000 en los últimos años.

 

Turcios dijo confiar en que haya una natalidad del 95 por ciento de tortugas nacidas para noviembre próximo y para el éxito del proyecto también ha sido importante que las personas primero ubicaban a las tortugas en la playa, luego recogían y sembraban o anidaban los huevos en los campamentos artificiales.

 

"Honduras desde el punto de vista biofísico, especialmente el Golfo de Fonseca, es visto como santuario del desove de la tortuga golfina, ya que es la más pequeña del mundo. En su ruta migratoria desde la Patagonia (Chile) hasta California (Estados Unidos), utiliza el Golfo de Fonseca como sitio de alimentación y desove", explicó.

 

En todo este esfuerzo ecologista se ha tenido el apoyo de la Asociación de Pescadores del Golfo de Fonseca (Apagolf), el Comité de la Defensa de la Flora y Fauna del Golfo de Fonseca (Coddeffagolf), los tortugueros, la alcaldía (ayuntamiento) de Marcovia y la empresa generadora de energía térmica Luz y Fuerza de San Lorenzo (Lufussa).

 

Uno de los hechos más importantes es que ahora los pescadores ya tienen conciencia de respetar la veda de la tortuga golfina, además de participar en campañas masivas en educación ambiental, ya que la conservación del galápago es un punto importante en el equilibrio climático.

 

Y es así como cada periodo de reproducción a las costas hondureñas en el Golfo de Fonseca siguen llegando cientos de quelonios deslizándose suavemente en el agitado mar, mientras la luz brillante de las estrellas pareciera guiarlas hacia las playas, donde desovan para perpetuar la especie de la bella tortugas golfina.

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