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1061561395La bahía de Guanabara, donde se celebrarán las regatas durante los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, está en el centro de la polémica desde hace tiempo por la contaminación de sus aguas, pero lejos de la preocupación por la salud de los atletas miles de pescadores luchan día a día por su propia supervivencia.

A pesar de que la bahía recibe una media de 100 toneladas de basura al día proveniente de decenas de ríos convertidos en alcantarillas a cielo abierto, miles de pescadores subsisten en la ribera de la bahía gracias a la pesca artesanal, aunque cada vez la situación es más crítica; los peces están desapareciendo.

"Cada vez que pongo la red saco cien kilos de plástico y dos o tres peces, me da una pena terrible por mis nietos, le pido a Dios que ponga conciencia en los políticos para que arreglen este desastre", comentaba indignado el pescador Geraldão en declaraciones a Sputnik.

Río de Janeiro inaugura instalación que reducirá la contaminación de la bahía de Guanabara Geraldão, junto con otros pescadores, participó el pasado domingo en una manifestación marítima para luchar contra el abandono al que dicen estar sometidos por parte de las autoridades: una veintena de embarcaciones salió al mar con pancartas, bocinas y petardos desde la Ilha del Gobernador hasta Ilha Seca.

Si no fuera por el agua negra que la rodea Ilha Seca podría ser una pequeña isla paradisíaca: la vegetación cubre las antiguas instalaciones de la petrolera Texaco y ahora pescadores, ecologistas e investigadores quieren reconvertir los viejos tanques de petróleo abandonados en criaderos de peces para repoblar la bahía.

Hace apenas 20 años más de 20.000 pescadores vivían de la pesca, pero la decadencia de su oficio fue en paralelo al auge de la explotación del petróleo por parte de la compañía semiestatal Petrobras: paradójicamente el tesoro que la bahía esconde en su interior fue su condena.

Sitiados por torres petrolíferas, enormes buques, refinerías y oleoductos los pescadores han visto reducida considerablemente el área en que pueden pescar, aunque reconocen que lo que causó un antes y un después fue la rotura de un oleoducto en el año 2000.

Más de 1,3 millones de litros de combustible cubrieron hasta 40 kilómetros cuadrados de la bahía, causando la mayor catástrofe natural de la historia de Brasil hasta la fecha.

La mayoría de pescadores todavía no ha recibido la indemnización correspondiente 16 años después.

"Tenemos que rescatar la dignidad que nos fue destruida, esto no siempre fue así, mi abuelo me contaba que la Guanabara era una maravilla: caminabas treinta metros desde la orilla y sacabas kilos y kilos de peces; ahora tenemos que salir muy cerca de mar abierto para pescar una miseria, solo vemos basura", comentaba Ricardo, en la pesca desde los años 70.

Las 245 especies de peces que se calcula, hay en la bahía, son apenas un número sin sentido para la mayoría de pescadores, que lamentan que ya apenas se ven lenguados ni rodaballos.

"Ya ni siquiera hay cangrejos en los manglares", alertaba el presidente de la Asociación de Pescadores de Tubiacanga, Alex Sandro Santos.

Otros, confiesan que pescan sardinas durante la época en que está prohibido para sacarse un dinero extra.

La mayoría acaba vendiendo el pescado a empresas mayoristas a las que no les importa que esté contaminado con tal de pagar por él unas cantidades irrisorias, cuentan los pescadores.

Los delfines, que antes de contaban por centenares, ahora escasean hasta tal punto que los investigadores de la Universidad Estadual de Río de Janeiro (UERJ) les han puesto nombre; ya solo quedan 34: Acerola, un ejemplar de pocos meses, fue encontrado muerto en una playa hace unas semanas.

Brasil presenta con retraso instalaciones de vela para los JJOO de Río 2016 Los ecologistas como Sérgio Ricardo, uno de los fundadores del movimiento "Baía Viva", critican que las autoridades nunca tuvieron en cuenta a los pescadores a la hora de diseñar los programas de descontaminación, que han consumido miles de millones de dólares sin apenas resultados visibles.

La última promesa llegó con los Juegos Olímpicos: se prometió al Comité Olímpico Internacional (COI) que el 80 por ciento de la bahía estaría limpia antes del evento deportivo, pero hace tiempo que los mismos responsables del Gobierno del Estado tiraron la toalla.

Sérgio Ricardo, igual que otros ecologistas, lamenta que todo el foco de atención esté puesto en el riesgo que correrán los regatistas olímpicos, cuando la situación en la parte interior de la bahía es mucho más dramática y afecta a miles de personas.

El campo de regatas olímpico está situado justo en la boca de la bahía, donde la calidad del agua es relativamente mejor gracias a los aportes de agua limpia que hace el océano; aun así los veleros olímpicos tendrán que lidiar con la basura flotante, que podría ser un obstáculo para las embarcaciones, y con enfermedades como la Hepatitis A en caso de que tengan contacto con el agua.

"Se preocupan de los atletas que vienen aquí unos días y luego se van, pero, ¿y los que vivimos desde hace años dentro de esta agua? ¿De esos no se preocupan? Unos tienen valor y otros no", reflexionaba en voz alta Nilson, que dejó la pesca hace años por falta de peces y ahora se dedica a reparar embarcaciones.

 

Fuente; http://mundo.sputniknews.com/reportajes/20160704/1061545561/brasil-pesca.html

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