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entrevistariesgosismicoEl director de la Red Sísmica Nacional del Instituto Geográfico Nacional, Emilio Carreño Herrero afirma que “no existe un mapa de riesgo sísmico ni de riesgo de tsunami en España. Existen zonas bien estudiadas por algunas comunidades autónomas en los obligados “Planes Especiales de Protección civil ante el riesgo sísmico”, si bien no hay valoración económica y sería preciso homogeneizar estos estudios. Hoy, la cantidad de personas, infraestructuras, industrias, etc., expuestas en las zonas susceptibles de padecer un tsunami, son enormes”.

Carreño intervendrá como coordinador del área de Riesgos Naturales en el próximo XI Congreso Internacional de Geomática y Ciencias de la Tierra que se celebrará entre los días 26 y 30 de octubre en el Palacio de Congresos de Toledo, organizado por el Ilustre Colegio Oficial de Ingeniería Geomática y Topográfica (COIGT) y la Asociación Española de Ingenieros en Geomática y Topografía (AEIGT). En este evento se darán a conocer los últimos avances científicos y técnicos en materia de Geomática y otras ciencias afines en el ámbito de la Criosfera y Cambio Climático; riesgos naturales, observación del territorio, catastro y propiedad; e innovaciones tecnológicas, conocimiento y sociedad.

El riesgo se determina combinando la peligrosidad, la vulnerabilidad de lo que tenemos expuesto, el posible impacto sobre la vida de las personas y también, el coste económico”, dice Carreño. La mayor catástrofe de origen natural que ha sufrido España ha sido el tsunami de 1755, pero “la probabilidad de ocurrencia, es baja, con lo que la peligrosidad que maneja esos mismos términos, es relativamente pequeña. No obstante -asegura el director de la Red Sísmica Nacional- actualmente, la cuantía de personas así como de viviendas, instalaciones e industrias situadas al borde del mar en áreas que podrían sufrir un tsunami son muy altas. Deberíamos tener claro qué pesaría más en la balanza”.

Este experto en sismos desde hace más de treinta y cinco años, señala que los geólogos consideran una falla activa si hay evidencia de que ha tenido un movimiento sísmico en los últimos 10.000 años. “Así pues, es necesario realizar un proceso de investigación de todas estas fallas que pudieran existir con estas características en nuestro territorio. Podemos presuponer que hemos instalado emplazamientos críticos en lugares muy estables y; sin embargo, desconocer que pudiéramos estar sobre una falla con grandes periodos de recurrencia para un sismo de gran magnitud”, afirma Carreño.

Así el director de la Red Sísmica informa que “hay grupos de investigación formados en este aspecto, denominado paleosismicidad, que van poco a poco desgranando esa información oculta. No son estudios especialmente costosos, pero es preciso potenciarlos si queremos tener mapas de peligrosidad para periodos de retorno grandes, que son los que exigen las instalaciones críticas, como es el caso de las Centrales Nucleares”. Indica que “prestamos mucha atención a las zonas donde hemos constatado en épocas históricas y especialmente instrumentales, los sismos más grandes. Pero, ¿es allí donde se van a volver a producir? -se

cuestiona Carreño- O, precisamente ¿son los lugares donde se ha liberado energía y donde ya no se van a

producir en plazos medios? Es preciso el estudio en todo el territorio español, tenga o no un nivel alto de peligrosidad tal y como lo conocemos actualmente”.

Cuestionado por los factores que pueden desarrollar los riesgos, este experto sostiene que no son comunes: “Así como en sequías, inundaciones y tempestad ciclónica atípica, influye el cambio climático, parece no estar demostrado que ocurra con el terremoto y el tsunami. Esta cuestión está siendo estudiada por todo el mundo por compañías reaseguradoras con intereses en el centro y el sur de América, zonas de gran actividad, y parece que el número y distribución de eventos sísmicos de magnitudes importantes, por ejemplo, no ha variado desde que se tienen estadísticas fiables”.

La minimización del impacto de una catástrofe natural se logra, mediante la determinación, primero, de mapas de peligrosidad para cada riesgo y después, con unas políticas de ordenación de territorio y normas de construcción de obligado cumplimiento con un control efectivo de su cumplimiento. “Un mayor control instrumental en los puntos de conocida peligrosidad -explica Carreño- podría alertarnos de una posible ocurrencia de eventos catastróficos. La inversión en medidas preventivas de vigilancia en determinados puntos del territorio, no creo que esté acorde a los riesgos existentes”.

Otro factor que pudiera impedir la minimización de riesgos, según este director de la Red Sísmica, es “quizás la dispersión de las redes o sistemas de vigilancia en centros de muy distinto modo de trabajo. La optimización de estos sistemas se conseguiría con un enfoque de servicio, lo que no siempre es efectivo cuando se combinan este último y la pura investigación. Ambos son fundamentales y necesarios, y se deberían establecer más claramente las fronteras y obligaciones”.

Sobre el acento de la Geomática, entendido como conjunto de ciencias que integran los medios para la captura, tratamiento, análisis, interpretación, difusión y almacenamiento de información geográfica, en la prevención de riesgos naturales, Carreño afirma que “estamos haciendo uso de la Geomática en la práctica totalidad de los trabajos de investigación que luego derivan en aplicaciones prácticas en los sistemas de alerta y por supuesto, en los mapas que posteriormente utilizaremos al abordar problemas reales. El usuario final que debe ejercer responsabilidades en materia de Protección Civil, ya no espera aproximaciones, quiere precisiones que sólo pueden lograrse a través de las herramientas que nos proporciona la Geomática. Yo no soy ningún experto en ello, pero mis responsabilidades tengo que acometerlas apoyado en resultados gráficos digitales de los que ya no podría prescindir. Es necesario poder combinar capas de información de riesgos y utilizar álgebra de capas operando con ellas, fusionando, separando”.

El director de la Red Sísmica cree conveniente recordar a los expertos en Geomática que “el uso de los resultados de sus aplicaciones lo van a hacer, en general, personas no dedicadas a esas disciplinas y por tanto, se debe facilitar un uso totalmente amigable de usuario. Un exceso de información complicada de manejar no facilita una rápida respuesta en la emergencia”.

Desde 1965 el Colegio Oficial de Ingeniería Geomática y Topográfica, Miembro Fundador de la F.I.G. -Federación Internacional de Geómetras-, como Corporación de Derecho Público, tiene estructura nacional, asume la defensa de la profesión y garantiza ante la sociedad, tanto la titulación de sus miembros, como el ejercicio profesional de acuerdo con la normativa vigente de aplicación. La Organización Colegial agrupa a todos los Ingenieros Técnicos en Topografía y Graduados en Ingeniería Geomática y Topografía que practiquen el ejercicio profesional o ejerzan misión o cargo (tanto público como privado) en su título universitario, siendo requisito indispensable la colegiación en esta Corporación Oficial para poder practica la profesión legalmente. El Colegio representa hasta la fecha a 4.500 Colegiados.

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