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Un estudio, publicado en el más reciente número de la publicación Scientific Reports, demuestra que las cadenas de las embarcaciones afectan la vegetación del fondo marino

Diario Marítimo ; 18 Marzo 2016  ; 276 visitas

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Los investigadores Oscar Serrano y Paul Lavery, de la Edith Cowan University, en Australia, junto con Pere Masquÿ de la Universidad Autónoma de Barcelona, en España, analizaron las cicatrices provocadas por estos barcos en las bahías de la isla de Rottnest, uno de los iconos turísticos de la llamada isla-continente.

"Cuando las naves ancladas se mueven debido a las corrientes, el viento y las olas, arrastran una pesada cadena que actúa como si fuera un rastrillo, arrancando toda la vegetación que encuentra a su paso", aseguró Serrano.

Los especialistas recalcaron en declaraciones a la revista que esta vegetación no vuelve a crecer.

"Desafortunadamente, la calma y la protección de estas bahías, atractivas para anclar las embarcaciones, también han favorecido que sean un hábitat primordial para las praderas marinas", subrayó el investigador.

De acuerdo con el artículo, los esfuerzos para preservar las praderas utilizando amarres que no dañan el fondo marino en algunas zonas permite recuperar la vegetación submarina en estas áreas, pero de manera global, las praderas marinas están disminuyendo.

"Esto se produce porque las cicatrices de los amarres de la Stark Bay, al norte de la isla, se incrementan en un 500 por ciento (de dos mil m2 a nueve mil m2) en los últimos 35 años debido a la erosión de las zonas arrastradas por la acción de las olas", destacó el experto.

Una vez que las cadenas inician el proceso de arrastre, las olas siguen incrementando las áreas dañadas.

"En Stark Bay hemos visto cómo las zonas sin vegetación se incrementan alarmantemente", añadió el científico.

La revista recuerda que la destrucción de las praderas marinas tiene implicaciones importantes para los ecosistemas submarinos, entre los favoritos para el recreo de los habitantes de la cercana ciudad de Perth.

"Las praderas son un hábitat importante para muchas especies de peces y una fuente de alimento para las tortugas y los dugongs (mamíferos marinos en peligro de extinción)", resaltó Serrano.

Estos ecosistemas absorben el CO2 a un ritmo 40 veces superior al de las selvas tropicales, según estudios recientes, de modo que incrementan su importancia en el contaminado contexto actual