
La capital de Nueva Zelanda ha sufrido este martes el impacto de un episodio meteorológico extremo con olas que alcanzaron hasta 11 metros y rachas de viento huracanadas, provocando evacuaciones obligatorias en varias zonas del litoral sur de Wellington y graves alteraciones en el transporte.
Las autoridades ordenaron el desalojo de viviendas situadas en primera línea de costa en áreas como Owhiro Bay, Island Bay, Houghton Bay y Breaker Bay, advirtiendo de que los servicios de emergencia no operarían dentro de las zonas evacuadas debido al riesgo extremo. Cientos de residentes abandonaron sus hogares a medida que las condiciones se deterioraban rápidamente.
Según la Oficina de Gestión de Emergencias de la Región de Wellington, el oleaje llegó a superar el nivel de las carreteras costeras, mientras que en el aeropuerto de la ciudad se registraron ráfagas cercanas a los 100 km/h. En la región de Wairarapa, los vientos alcanzaron hasta 137 km/h, acompañados de un mar muy agitado y de fuerte impacto en la línea de costa.
El temporal ha tenido un efecto inmediato sobre la movilidad y la conectividad aérea y marítima. Numerosos vuelos con origen y destino en Wellington fueron cancelados o desviados, y se registró incluso el vuelco de una aeronave ligera debido a la intensidad del viento. Los servicios de ferry en el estrecho de Cook quedaron suspendidos de forma preventiva.
El servicio meteorológico MetService indicó que, aunque la altura media de las olas se situó en torno a los seis metros, los picos máximos duplicaron esa cifra, generando un escenario de alto riesgo para infraestructuras y zonas urbanas próximas al mar.
Las autoridades prevén que las condiciones adversas se mantengan durante gran parte del día, con una progresiva mejora a partir de la tarde, aunque las órdenes de evacuación seguirán vigentes al menos hasta la mañana del miércoles por precaución.
Varias carreteras del litoral sur han sido cerradas y los equipos de emergencia han insistido en evitar cualquier desplazamiento hacia zonas expuestas al mar, ante la posibilidad de nuevas marejadas de largo periodo capaces de provocar daños significativos en la costa.
Este episodio se suma a una serie de temporales cada vez más intensos en la región, y supera en impacto a la tormenta de 2020, cuando olas de 5,5 metros ya obligaron a evacuaciones masivas en la capital neozelandesa.


