
Por Miguel Delgado Presidente de Pladesemapesga. La reciente imposición de aranceles por parte de Estados Unidos a productos pesqueros, incluidos el pulpo y el atún, ha generado incertidumbre en la cadena de valor española, tal como expusieron Cepesca, Anfaco, Conxemar y Fedepesca en su reunión con el Partido Popular. Sin embargo, esta medida podría tener un efecto colateral positivo: fortalecer el consumo local de la pesca tradicional al combatir el tráfico de pesca ilegal, un flagelo que distorsiona los mercados y perjudica a los actores responsables.
Contexto: Impacto en España y la posición estadounidense
Estados Unidos, principal importador mundial de productos pesqueros (21.140 millones de dólares en 2023), aplica aranceles que afectan a España, décimo octavo proveedor con el 1,5% de cuota (317 millones de dólares). Las exportaciones españolas de pulpo, atún rojo y mariscos específicos son las más perjudicadas. SegúnJavier Garat, presidente de Cepesca y Europêche, alertó sobre la incertidumbre, pero también propuso soluciones que, paradójicamente, podrían alinear intereses globales contra la pesca ilegal.
Propuestas españolas: Oportunidad para un mercado más justo
Entre las medidas planteadas por Garat destacan dos pilares clave:
- Exigir las mismas reglas para todos: Ante el acuerdo con Mercosur (que incluye un arancel del 23% para productos pesqueros), España reclama controles rigurosos para evitar la entrada de pescado capturado ilegalmente o en condiciones de esclavitud. Esta demanda no solo protege a los productores locales de competencia desleal, sino que impulsa estándares éticos y sostenibles.
- Eliminar barreras no arancelarias: Garantizar equidad en requisitos sanitarios, especialmente con China y Chile, evitaría que normas técnicas arbitrarias encubran proteccionismo, otro frente que perjudica a la pesca legal.
Conexión con los aranceles de Trump: ¿Hacia un efecto dominó?
Si bien los aranceles estadounidenses suponen un reto inmediato, podrían acelerar un cambio estructural. Al presionar a la UE y a España a reducir burocracia, ajustar impuestos y vigilar importaciones (como propone Garat), se crearía un entorno donde la pesca tradicional —sujeta a normativas estrictas— compita en igualdad. Además, al exigir transparencia a proveedores externos, se dificulta el lavado de pesca ilegal en mercados como el estadounidense o el europeo, lo que beneficiaría a los pescadores locales.
Crisis y oportunidad
Los aranceles de Trump no son una solución mágica, pero sí un catalizador. Al obligar a las cadenas de valor a reclamar controles más estrictos y condiciones equitativas, se sientan las bases para erradicar la pesca ilegal, que perjudica a ecosistemas y economías costeras. Si España y la UE implementan estas propuestas, no solo mitigarán el impacto comercial, sino que fortalecerán la pesca tradicional, asegurando que el “consumo local” se sustente en prácticas legales, éticas y sostenibles. En este escenario, los aranceles podrían ser, irónicamente, un aliado inesperado en la lucha por la supervivencia de la pesca responsable



