Estrecho de Ormuz: el epicentro energético que pone en jaque a la economía mundial

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03 Marzo 2026 Reportajes Imprimir Correo electrónico Compartir en redes sociales

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Los recientes ataques de Estados Unidos y Israel contra Irán han reavivado uno de los mayores temores del mercado energético global: la posible interrupción del tránsito por el Estrecho de Ormuz, la arteria marítima por donde fluye cerca de una quinta parte del petróleo y gas que consume el planeta.

Aunque Teherán no ha anunciado oficialmente el cierre del estrecho, las advertencias emitidas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y la creciente actividad militar en la zona han generado un clima de alta tensión. Buques petroleros han comenzado a detener operaciones y varios países han recomendado evitar la ruta, mientras el mercado anticipa un posible shock energético.

Un paso estratégico de apenas 33 kilómetros

Ubicado entre Omán y Emiratos Árabes Unidos por un lado, y Irán por el otro, el Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. En su punto más angosto mide apenas 33 kilómetros, y los canales de navegación tienen solo tres kilómetros de ancho en cada dirección, lo que lo convierte en un cuello de botella extremadamente vulnerable.

A pesar de su estrechez, por esta vía transitan los mayores buques petroleros del mundo. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), en 2024 circularon por allí alrededor de 20 millones de barriles diarios de crudo, además de una quinta parte del comercio global de gas natural licuado (GNL), con Qatar como actor dominante en este segmento.

Asia, el principal dependiente

El 84 % del petróleo que atraviesa el estrecho tiene como destino mercados asiáticos. Potencias como China, India, Japón y Corea del Sur dependen de este suministro para alimentar sus industrias, transporte y generación eléctrica.

Un cierre repentino del Estrecho de Ormuz no solo elevaría el precio del crudo, sino que afectaría de manera directa la inflación, la producción manufacturera y la estabilidad financiera de estas economías altamente industrializadas.

Señales de alarma en los mercados

Desde el inicio de la escalada, el tráfico marítimo en la zona ha disminuido de forma significativa. Al menos 150 petroleros han permanecido anclados en aguas abiertas del Golfo, reflejo de la creciente preocupación por la seguridad.

El temor no es infundado. Un solo incidente —como el reciente ataque a un petrolero frente a las costas de Omán— basta para disparar las primas de riesgo, encarecer los seguros marítimos y provocar saltos inmediatos en los precios del crudo.

Analistas advierten que si el barril alcanzara los 100 dólares y se mantuviera en ese nivel, la inflación global podría aumentar entre 0,6 y 0,7 puntos porcentuales. Esto complicaría los planes de los bancos centrales para reducir tasas de interés, especialmente en mercados emergentes sensibles a la volatilidad de las materias primas.

Mucho más que petróleo

El impacto de un eventual cierre iría más allá del sector energético. Cerca del 30 % del petróleo transportado por mar en el mundo pasa por Ormuz, además de una parte significativa del combustible para aviones y productos refinados como gasolina y nafta.

Un bloqueo prolongado generaría:

  • Aumento inmediato del precio del combustible.
  • Incremento en costos logísticos y manufactureros.
  • Presión inflacionaria global.
  • Riesgo de recesión en economías frágiles.
  • Volatilidad en mercados financieros.

La simple amenaza de interrupción ya está generando efectos preventivos en las cadenas de suministro y en las decisiones de inversión.

Un equilibrio precario

Hasta ahora, Irán no ha cerrado oficialmente el estrecho, y hacerlo implicaría un desafío directo no solo a Washington y Tel Aviv, sino también a potencias asiáticas que dependen del crudo del Golfo. Sin embargo, la escalada militar y el cambio de objetivos hacia activos energéticos elevan el riesgo de un error de cálculo.

El Estrecho de Ormuz no es solo una ruta marítima: es el punto de presión más sensible del sistema energético global. En un mundo aún dependiente del petróleo, cualquier chispa en ese estrecho corredor puede encender una tormenta económica de alcance mundial.

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