Brasil, dueño de una de las costas más extensas del planeta con casi 7.500 kilómetros bañados por el Atlántico, ha dado un paso histórico en la lucha contra la contaminación marina. El pasado jueves, el gobierno lanzó oficialmente la Estrategia Nacional del Océano sin Plástico (Enop), un plan con metas ambiciosas hacia 2030 que busca reducir y eliminar los desechos plásticos que amenazan la biodiversidad, la salud y la economía en las zonas costeras.
La iniciativa fue establecida por decreto del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, publicado en el Diario Oficial de la Unión. Según el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático, el plan se articulará con la sociedad civil, los gobiernos locales y distintos sectores productivos, abordando todo el ciclo de vida del plástico: desde la producción de la materia prima hasta su descarte.
Un desafío estructural y urgente
“El plástico genera un montante considerable de basura en el mar, con impactos directos e indirectos sobre la biodiversidad, la salud humana, la pesca, el turismo y el clima. Y Brasil necesita enfrentar el problema con medidas estructurantes”, señaló Ana Paula Prates, directora del Departamento de Océano y Gestión Costera del ministerio.
La aprobación del plan llega en un momento clave: Brasil se prepara para ser anfitrión en noviembre de la COP30 de la ONU sobre Cambio Climático, que se realizará en Belém, Pará. La iniciativa refuerza el compromiso del país con una agenda ambiental sólida en la antesala de este encuentro internacional.
Medidas previstas en la estrategia
Entre las principales acciones contempladas en la Enop se encuentran:
- Propuesta de normas para prohibir microplásticos añadidos intencionalmente en cosméticos y productos de higiene.
- Sustitución gradual de plásticos de un solo uso, promoviendo materiales alternativos y sostenibles.
- Incentivo a la inclusión socio-productiva de recicladores, reconociendo su rol fundamental en la economía circular y la reducción de residuos.
Impacto global y llamado a la acción
El desafío es mayúsculo. Según un informe de la ONG Oceana, alrededor de 1,3 millones de toneladas de residuos plásticos llegan cada año al océano. Sus consecuencias van más allá de la vida marina: afectan la capacidad reguladora del océano sobre el clima global y ponen en riesgo la salud humana.
Con esta estrategia, Brasil se posiciona como referente en la lucha contra la contaminación plástica, dando ejemplo a otras naciones costeras de que es posible combinar políticas públicas, innovación y participación social para proteger los océanos.




